Restaurante familiar de cocina tradicional en el Valle de Benasque, en Huesca, y que tenía bastantes ganas de visitar.
Poseen ganadería y carnicería propia y, cómo no, es la base de su cocina.
La sala es la antigua granja y presenta un decoración típica montañera.
Mesas bien vestidas y copas mejorables.
Se ofrece una carta variada con la parrilla y la carne como protagonistas. En cuanto a vinos, opciones aragonesas y una selección ecléctica de botellas de otras zonas. Bebimos Veratón 2022 (D.O. Campo de Borja), que siempre me parece magnífico.
Comimos:
-Crema de calabaza (aperitivo, anodina)
-Croquetas de cordero con tikka masala (esperaba más)
-Longaniza a la parrilla (buenísima, ración algo pequeña)
-Mollejas de ternera glaseadas (impresionantes sabor y textura, lo mejor de la comida)
-Callos de ternera guisados (suculentos, buen punto)
-Chuletón de ternera (producto bien tratado, escasa maduración, tierna y jugosa, bunas patatas fritas)
-Tarta de queso de cabra con coulis de frambuesa (rica)
-Tarta templada de chocolate con helado de frambuesa (prescindible)
El personal se mostró amable y diligente.
Pagamos unos 68 € por persona.
La propuesta basada en la materia prima cumple, pero tampoco se puede esperar la excelencia. Solo las mollejas estuvieron por encima de mis expectativas.
Es encomiable, eso sí, el hecho de reivindicar el territorio y la forma de vida del entorno en cada preparación.
El sabor del Pirineo satisface.










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