La Paloma, Madrid

No es que disfrute mucho en los mercadillos, pero el Rastro tiene algo especial... Además, después de dar un paseo se puede comer algo por la zona, opciones hay muchas.
Esta vez tocó La Paloma y me apetecía contarlo.
Bar de los de toda la vida, de los de barra de acero inoxidable, con el marisco como protagonista.
Los boquerones cerrados son la tapa de cortesía y están como para peregrinar hasta aquí, una barbaridad.
Los mejillones son tersos y tienen un toque de limón, ricos.
Pero las gambas, ¡ay las gambas! Placer del bueno.
Para beber, cañas bien tiradas.
Unos 20 € vale lo contado.
No es un sitio maravilloso ni el producto es excelso, pero salí muy contento. Se trata de eso, ¿no?
Iría mucho si viviera más cerca.

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