Crudo, Zaragoza

Esta era una de esas nuevas tabernas zaragozanas que quería probar. Y llegó el momento.
Decoración mínima, mucho blanco.
Tomé sitio en la barra, algo incómoda.
La carta ofrece preparaciones bastante convencionales y, obviamente, hay bastante protagonismo de crudos. En lo enológico vi carta reducida y con poco interés y opté por vinos por copas. Probé Terrae Finca La Dehesa Garnacha blanca 2018 (Bajo Aragón), fresco y denso, y Terrenis Supra 2016 (D.O. Calatayud), estructurado.
Probé:
-Semimojama de atún rojo, ajo negro (buen tratamiento del producto, cambiaría el tomate por algo menos evidente)
-Tiradito mediterráneo de lubina (más tomate, oliva negra y cebolleta con un buen pescado, rico)
-Curry massaman de secreto ibérico y verduras (plato fallido, carne con poca gracia y salsa muy tímida)
-Tarta caliente de queso mascarpone, gorgonzola y miel (me encantó, importante matiz de queso azul y atinada textura)
El café final no mejoró la impresión final.
El personal se mostró simpático.
Pagué unos 30 €.
Lo cierto es que esperaba más. Muchos lugares comunes, poco atrevimiento y algún gran acierto, que todo hay que apuntarlo.
Me gusta el concepto, aunque esté ya algo trillado, pero algo de exploración de nuevos caminos sería lo elevaría resultados.
Esa tarta justifica la visita, eso sí.



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