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Hispània, Arenys de mar (Barcelona)

Uno sabe que entra en la historia de la gastronomía catalana y española cuando atraviesa esta puerta. No podía perderme esta experiencia.

Calurosísimo día de agosto.

La parte antigua tiene mucho encanto, pero la sala moderna es bonita y muy cómoda. Madera y cristal.

Mesas bien vestidas, copas mediocres.

Se ofrece cocina clásica de la zona, con protagonismo de los productos del mar. Hay un menú del día, a 35 € con vino, que fue el que escogí. Tierras de Murillo Tempranillo 2018 (D.O.Ca. Rioja) era el elegido y cumplió. No vi la carta de vinos.

Llega la comida:

Se sirve un gran aceite de arbequina personalizado para la casa y un correcto pan.
-Dos buñuelos, dos croquetas y niçoise (presentación de otro tiempo para un plato del que salvaría unos inconmensurables buñuelos de bacalao)
-Tortilla de gambas (impresionante tortilla rellena de muy buenas gambas, me quedo atónito ante el sabor y el punto de un plato del que no esperaba este nivel, jugosa, intensa y preciosa)
-Calamar plancha (importante producto bien tratado, otro plato bien hecho, me gusta hasta la guarnición de tempura de verduras)
-Crema catalana (deliciosa, mucha presencia de vainilla)
-Pa de pessic y la teula (bizcocho algo seco y buena teja)
El café me parece exquisito.
El personal se mostró muy profesional y amable.
Pagué 35 €, pues no se añadió nada a la cuenta.
Qué sorpresa tan agradable. Creía viajar al pasado y acabé yendo a un restaurante en el que se hacen muy bien las cosas.
El menú de ese día tuvo altibajos, pero pude apreciar la calidad de la materia prima y el criterio con el que se trabaja en esas casa.
Nadie está tanto tiempo en un lugar destacado si no mantiene el nivel.
Una institución, pues, en la que puede disfrutar mucho.









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