Tenía ganas de conocer el restaurante especializado en carnes de Dani García. Vamos con él.
Sala preciosa en la que sobresale el techo de láminas de madera. No hay luz natural y eso sí que me parece un punto negativo.
Sensación de comodidad.
Mesas grandes y bien vestidas. Magníficas copas.
La carta está basada en carnes de vacuno, que se exhiben en vitrinas. Además de eso, verduras, pinchos de otras carnes y poco más. En cuanto a vinos, me puse en las manos del sumiller para poder probar varias referencias. Escogió La Bota de Manzanilla Nº71 (D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda), gloriosa, Pierrick Bouley Bourgogne Côte d'Or Pinot Noir 2020 (Bourgogne Côte d'Or A.O.C.), estructurado, Numanthia 2017 (D.O. Toro), intenso, Sauternes Cuvée 79 2019 (Sauternes A.O.C.), muy equilibrado.
Comimos:

-Aperitivo (salchichón malagueño con lima y mantequilla de cabra con ceniza de puerros, espectacular comienzo)
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Carpaccio curado de vaca vieja (láminas de lomo, salsa de trufa negra y parmesano rallado, esplendoroso bocado)
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La burger que le dio sentido a todo (carne picada delante del comensal, pan de pretzel, salsa bull y queso havarti, la excelencia, obligatorio probarlas)
-Porterhouse de ternera (corte de 1 kg. de ternera joven, muy buenos punto y sabor)
-Patatas fritas (riquísimas)
-Pimientos del piquillo (caramelizados, deliciosos)
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Tarta di rose (con helado de mantequilla tostada, una absoluta maravilla, un bizcocho increíble)
Buen café.
El personal se mostró especialmente amable y diligente.
Fue invitación, desconozco precio.
Pues yo disfruté mucho de la propuesta carnívora de Dani García. Lo único que revisaría son los precios de los vinos, guarniciones y postres. Pero lo entiendo, claro.
Ahora bien, tanto preparaciones como trato son muy placenteros.
Una cocina vista cuyos profesionales trabajan para que todo esté a su temperatura, a su cocción y a su textura correspondiente. Me quito el sombrero.
Producto y atención.
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