martes, 30 de julio de 2013

Unas tiendas parisinas

Hoy voy a hablar de dos de los mejores supermercados delicatessen que he visto en mi vida, La Grande Epicerie de Paris y la sección gourmet de Galeries Lafayette.
No debe ser nada fácil juntar en esos recintos tal cantidad de productos maravillosos de todo el mundo.
En lo que los parisinos conocen como "Au Bon Marché" destacan el vino, las carnes, las aguas, la panadería... En realidad, todo.
Espectacular selección de especias de infinidad de países, de comidas preparadas, de producto fresco, de conservas, lo dicho, de todo.
Compré varias cosas pero los panecillos de queso me alegraron la vida.
Un absoluto paraíso para el gourmet.
El otro almacén de sueños que quiero recomendar es una planta en los edificios centrales del gigante francés de las ventas. Me sorprendió más todavía pues esperaba menos.
¡Qué despliegue de medios! Desde comida asiática preparada a lo más extraño que puedas imaginar, de vinos franceses a pescado fresco, todo.
En Lafayette también me quedaría a vivir.
He hablado de estas dos que, obviamente, son señeras, pero lo impactante es el nivel medio. ¡Cómo se cuida la comida en esa ciudad!
Disfrutadla.

domingo, 28 de julio de 2013

Santa Digna Cabernet sauvignon 2011

Vino chileno:
-Santa Digna Cabernet sauvignon 2011 (Valle central, Chile), monovarietal, reserva (desconozco su estancia en barrica y botella).
Color cereza oscuro, ribete teja. Capa alta.
En nariz destaca fruta negra, también cuero y especias. Anodino.
En boca es sedoso, eso sí. Fruta y recuerdos vegetales, también chocolate negro. Retrogusto medio.
Costó unos 7 €, mala compra.
Estamos ante un vino hecho para vender al por mayor, con poca personalidad. Nada malo, pero nada interesante. Se puede beber, claro que sí, y hasta se puede disfrutar, pero nada hará que me acuerde de él.
Intrascendente, esa es la palabra.

martes, 23 de julio de 2013

Ciel de Paris, París (Francia)

¿Alguna vez han elegido ustedes un restaurante por las vistas que ofrece? Yo sí.
París bien vale hacerlo de nuevo, en la planta número 56 de la Torre Montparnasse se sitúa este restaurante y sí, las vistas son increíbles.
Sitio bonito, en tonos grises, naranjas y dorados, todo secundario. Aquí manda la cristalera y las vistas. Pedí esa situación y accedieron amablemente.
Mesas demasiado juntas, pero bien vestidas. Copas mejorables.
Menú del día a 38 €, lo tenía claro. Hay más opciones pero requieren desembolso. En lo enológico lo esperado, buenos vinos a precios incómodos. Bebí una copa de un acertado Tour Prignac Grande Réserve 2008 (Médoc, Grand vin de Bordeaux).
Comimos:
-Trufa de verano, tartine con crema de alcachofas y ensalada de brotes (agradable, la crema era lo mejor del plato)
-Carpaccio de atún con eneldo, pimiento y piñones (el primero de mi acompañante, lo compartimos, bastante bien hecho)
-Entrécula de ternera guisada con pleurotus, gratén de acelgas (carne algo dura, el gratén fue lo más interesante)
-Saint Marcelin afinado (bien afinado, delicioso, pero y ¿la ensalada qué pinta en un postre?)
-Petit fours (acompañando a un buen café, exquisitos)
El personal fue amable y atento.
El precio llegó a los 45 € por comensal, si nos ceñimos a la comida exclusivamente parece excesivo.
Bueno, lo que esperaba, mejor sitio que comida, pero he de decir que la experiencia es claramente positiva y muy recomendable.
Parece vislumbrarse buena mano en esa cocina y un esmerado servicio, los menús más caros deben tener un mayor nivel. El del día puede y debe ser mejor, eso sí.
Si el plato no te apasiona puedes levantar la vista y todo sabe mejor, ahí está la grandeza.

domingo, 21 de julio de 2013

Verjus bar à vins, París (Francia)

La idea era una cena informal y divertida así que elegí este local cercano al Palacio Real.
Local diminuto, solo doce taburetes, pero con la sensación de autenticidad. Al entrar te das cuenta de que es el sitio al que debías ir.
Se come en la barra o en la balda situada a lo largo de todo el local. Nada de mesas. Servilletas de papel (y malas). Incomodidad.
Peores copas de lo que imaginaba.
Los platos apetecen, todo en pequeñas raciones. Los vinos por copas están escritos en la pared, además hay también carta. Precios algo más amables de lo habitual en París. Probé Château de Merànde La belle romaine 2010 (Vin de Savoie A.O.C.), que me gustó bastante, y Rinaldi e Figli Barbera d'Alba 2010 (Barbera d'Alba D.O.C.), mejor que el anterior, un vino muy notable.
Cenamos:
-Gyozas de apio, salsa "dan-dan", cacahuetes tostados y cebollino (realmente curioso, agradables, quizá demasiado crocante el apio)
-Patatas fritas Joe's shoestring, togarashi, ketchup (todavía no he descubierto como se sostienen, bonita presentación, las especias las hacían deliciosas)
-Capelletti de ortigas, pimiento, burrata de leche de búfala, hinojo, estragón (muy buen queso, acertada combinación)
-Panceta crujiente, chile encurtido y asado, mayonesa especiada (lo menos sorprendente, pero el bocado también resultó interesante)
-Pollo frito con suero de mantequilla, col china, pimiento rojo (tremendamente jugoso, entiendo que sea la estrella de la casa, buen plato)
-Sorbete de chocolate, cítricos, haba tonka (postre digno de servirse en cualquier gran restaurante, precioso y exquisito)
La camarera no era especialmente amable, la verdad, pero cumplió.
Estas raciones y tres copas de vino costaron 68 € (34 por persona). No está mal.
Lo cierto es que lo que ofrece este bar es una propuesta original e innovadora. Se trabaja con buena materia prima y se crea. Me parece una magnífica opción para algo diferente.
Si ya solucionaran los problemas de espacio y comodidad sería perfecto.

jueves, 18 de julio de 2013

Torta de aceite Inés Rosales

La torta de aceite Inés Rosales es uno de esos compañeros que consiguen por sí solos alegrar mi desayuno.
Harina de trigo, aceite de oliva virgen extra, azúcar, ajonjolí y matalahuga se mezclan para dar un producto tan simple como prodigioso. Hechas de manera artesanal y con la receta mantenida a través de los años constituyen un reducto de lo auténtico y una singularidad en los mercados.
El precio también es bastante amable pues el paquete de seis vale 1,30 € aproximadamente, eso a mí me parece casi un regalo.
He probado de otras marcas pero estas son más finas y sabrosas, no las he encontrado mejores.
Creo que este es uno de esos productos que pueden gustar a todos, que deberíamos valorar más y mejor.
Placer en papel parafinado.

domingo, 14 de julio de 2013

Sola, París (Francia)

Hay restaurantes de los que uno espera mucho, Sola era uno de ellos.
Ni gastronomía francesa ni gastronomía japonesa, creatividad. El chef Hiroki Yoshitake y su equipo ofrecen una de las cocinas más singulares y personales que recuerdo.
El local está situado casi a orillas del Sena y enfrente de Notre Dame, muy céntrico pues. Pedí el salón japonés, en la planta baja. En él debes descalzarte y ponerte unas cómodas zapatillas y sentarte en el propio suelo dejando las piernas en el hueco creado a tal efecto. Curiosa puesta en escena.
Mesas vestidas con un camino de mesa y servilletas de tela, copas correctas. Sitio muy especial.
Lo primero que se sirve es una de esas toallitas que "crecen" con el agua, está visto pero me gusta.
Al medía día el menú vale 48 € y no hay otra opción (por la noche son 88 € e incluye más platos). Vinos a precios poco simpáticos pero muy interesantes. Bebimos una copa de Château de Suronde Anjou 2010 (Anjou A.O.C.) que resultó un buen vino, aromático y expresivo.
El agua con gas, Chateldon 1650, merece todas mis alabanzas.
En algún plato reconozco algún problema de comprensión pero bueno, allá vamos:
-Trucha ahumada, crema de almendra mollar y nabo (insipidez rota por el pescado y sus huevas, delicado)
-Tomates, bogavante y crema de melón (uno de esos platos que se te quedan en la memoria, productos de temporada y varias preparaciones para un resultado complejo y armonioso como pocos, delicia absoluta)
-Calabacines, shiso y mejillones de roca (sorprendentemente sabroso, otra preparación interesante)
-Lenguado, berenjena ahumada y trufa de verano (sobresaliente, pescado sublime y otra vez muchos matices)
-Lomo de cerdo ibérico, soja fermentada y rebozuelos (quizá lo menos notable de la comida, intenso y agradable pese a todo)
-Té matcha y vainilla (postre de altísimo nivel, enorme sabor de esos dos ingredientes y multitud de texturas, un acierto)
-Nubes de soja (con el café, muy finas y ligeras)
Café bastante bueno para acabar.
El personal es todo un ejemplo de saber hacer y de amabilidad.
La cuenta ascendió a 65 € por persona, me parece correcto.
Estamos ante un gran restaurante, ante un gran equipo pero que no es fácil de definir. Aquí en los platos se sirven emociones. Las preparaciones muestran un abanico de sabores que dudo se pueda encontrar en muchos restaurantes alrededor de todo el mundo. Hay notas japonesas, sí, pero solo dominan si esa es la intención.
Esta experiencia es algo más, te sumerges en un concepto, en una personalidad.
Aquí sacias tu hambre pero más tu intelecto.

lunes, 8 de julio de 2013

Le bistrot Paul Bert, París (Francia)

Cenar en un bistrot parisino clásico es uno de esos placeres que un aficionado a esto de la gastronomía debe concederse, sin duda alguna. Este local fue mi primera opción.
Situado en un barrio joven, vivo y lleno de grandes restaurantes, de él destacan sus carnes y sus preparaciones de grandes platos de la gastronomía francesa.
Mesas muy juntas, manteles de papel y copas pésimas, ¿parte del encanto o muestra de lo poco que importan esas cosas por allí?
Hay fórmula o menú, llámese como se prefiera, y los platos apetecen, todo por 36 €. Gran carta de vinos, con cientos de referencias, a precios parisinos (altos). Me quedé con un Abracadabrantesque 2010 (Coteaux Varois en Provence A.O.C.) que estaba realmente bueno, una agradabilísima sorpresa. Con los postres llegó una copita de Antoine Arena Muscat du Cap Corse 2011 (Muscat du Cap Corse A.O.C.), fresco y con un ligero dulzor muy interesante.
Cenamos:
-Terrina de campaña casera (fantástica, uno de esos platos que dan sentido a un viaje, acompañada de unos rebozuelos escabechados y un pan que para nada desmerecían)
-Pintada asada en su jugo con nabos (otra delicia, perfecta cocción del ave y buena guarnición)
La carne de mi acompañante era de gran calidad también (y las patatas fritas adictivas).
-Macaron con frambuesas (lo esperaba más tosco pero no, delicado y muy sabroso, para comerte varios)
El servicio fue informal y alegre e intentó ayudar en todo momento.
Pagamos 50 € por persona pero mi acompañante solo comió un plato. Buen precio.
Leí varias críticas y opté por este bistrot y no por otros muchos, creo que fue un acierto evidente. Se paga como en casi todos los de cierto nivel, pero se disfruta bastante más.
Lo llamativo está en la tipicidad del sitio, en su autenticidad, en su materia prima, en sus puntos de cocción... Aquí no se innova, aquí se perfecciona.
No lo duden, gran bistrot.