jueves, 29 de agosto de 2013

Tasca La nova, Sant Carles de la Ràpita (Tarragona)

¿Quién puede resistirse a una cerveza bien acompañada con calor y olor a mar? A eso fuimos a esta terraza. Y como nos gustó, volvimos al día siguiente.
Mesas de metal, de las de antes, situadas en la acera de una de las calles principales. Yo las vi casi siempre llenas.
Te reciben con unas sabrosísimas gambitas, esto ya es otra cosa.
Las cañas están maravillosamente tiradas, hacía días que no probaba unas así.
El primer día nos decantamos por los bivalvos. Tallarinas y mejillones, espectaculares ambos, plenos de sabor.
Al siguiente día optamos por calamares y navajas, todo muy correcto también.Quizá destacaría las navajas, del Delta, pequeñitas y muy potentes.
Las camareras fueron amables.
Las raciones descritas cuestan entre 6 y 9 €, yo lo veo perfecto.
Buena materia prima, saber hacer en la cocina y poco más. Lo necesario.
Este sitio merece muchas visitas.

sábado, 24 de agosto de 2013

Aquella vez en La taberna de Liria, Madrid

Era junio de 2009 y yo era más impresionable (y escribía peor, creo) . Visité La taberna de Liria, un restaurante que, por lo visto, ha cerrado. Copio aquí el comentario que hice en su día, no quiero que desaparezca:
Me apetecía probar en este restaurante, parece obvio que, dada su trayectoria, se va a comer bien y a un precio razonable, así que ahí fuimos. Al llegar nos atendió el propio Miguel López Castanier (lo cual también quiere decir que no estaba a los fogones) y nos dio una mesa con vistas al interior de la barra y a una especie de cuarto trastero en la que había de todo y nada agradable. Antes de esto, tuvimos que sortear cajas de vino y otros obstáculos hasta llegar. No hay manera de empeorar este comienzo. No recuerdo un comedor de restaurante de esta envergadura tan descuidado. Decidimos abstraernos de este tema y pensar sólo en la comida. Las mesas tenían algún defecto en la preparación. Eso sí, vajilla correcta. Se ofrecen varios menús y la carta, elegimos el del 20º aniversario que, con maridaje, cuesta 33 €, 36 € si se elige foie. Probé:
-Aperitivo de morcilla para untar (interesante)
-Foie gras (con cebolla confitada, buena calidad y buena cocción, un acierto) Se maridó con Amézola Crianza (creo que 2005), un buen vino pero del que albergo dudas de su armonía con el plato.
-Bacalao en escabeche de naranja (muy buen punto, algo escueto en ración y guarnición) Se maridó con Marta Cibelina, D.O. Bierzo, un vino espectacular y bien escogido.
-Arroz meloso de pato al oloroso (lo mejor de la comida, exquisito, se acompañaba de unas patatas fritas maravillosas) Se maridó con El linze 2007 (V.T. Castilla), un vino excelente en todos los aspectos.
-Milhojas de helado con chocolate (algo empalagoso, el helado no era tal) Se maridó con Enrique Mendoza Moscatel, un vino agradable. 
Un café que he preferido olvidar, terminó la comida. 
El servicio, a cargo del dueño, fue correcto pero con detalles bastante mejorables. 
La sensación es que se me hace muy difícil entender por qué se cuida tan poco el local, imagino que a los clientes habituales no les importa. La comida, con altibajos, es recomendable, pero lo mejor es probar unos cuantos vinos deliciosos (en casi todos, el dueño tiene algo que ver).

martes, 20 de agosto de 2013

La gazzetta, París (Francia)

Para la última experiencia parisina elegí una propuesta buena, bonita y barata. Veamos.
Local agradable y espacioso, abierto a la calle.
Mesas demasiado próximas entre sí, sin manteles y servilletas de tela. Copas mediocres.
Se ofrece un menú que incluye un principal y tres pequeñas entradas sin postre ni bebida por 17 € y nos gustó. También hay carta. Platos cosmopolitas, el dueño es sueco, el local es francés, el nombre es italiano... Para beber, vinos por copas y una carta corta y apetecible si no miras mucho los precios. Escogí una copa de un buen tinto de Gaillac y agua con gas Orezza, de Córcega, maravillosa.
Vamos allá:
-Sopa fría de pepino y almendras (parecido a un ajoblanco, buena)
-Aguacate, anchoa y grosella espinosa (espectacular en su simplicidad)
-Pizza bianca, bonito, rábano y apio (muy sabrosa)

-Entrécula de ternera (carne exquisita de textura algo gomosa, eso sí, buen plato en definitiva)
-Helado de leche fermentada y albaricoque (nada especial)
Para acabar, un gran café Illy.
El personal fue correcto y amable.
La cuenta ascendió a 27 € por persona.
Todo bien, nada glorioso. Me gustó comprobar que se puede comer bien en París por unos 20 € (sin vino ni agua, claro). Se ven buenas maneras en esa cocina, sin duda alguna.
Zona muy viva y diversa en lo gastronómico, se puede elegir entre muy buenas opciones. Seguro que acabar en este local es un acierto. No está en este menú la excelencia, mucho menos la decepción.

sábado, 17 de agosto de 2013

Chez Paul, París (Francia)

La innovación es mi paisaje preferido pero bien, algún día quiero clásicos. Con esa idea nos dirigimos a Chez Paul, o solo Paul, como pone en el letrero.
Un bistró con todas las de la ley, decoración terrible, incómodo y con las mesas muy juntas.
Manteles de papel y servilletas de tela de cuadros. Copas pésimas.
En la carta, despliegue de clásicos franceses, lo buscado. Carta de vinos amplia y más accesible que en otros locales. Elegí un Beaumes de Venise Pierre Rougon 2012 (Beaumes de Venise) que me sorprendió gratamente, un buen vino joven.
Vamos allá:
-Terrina de foie gras (manjar, muy bien hecho, hasta la guarnición de peras al vino me pareció deliciosa, el plato que hay que pedir en este tipo de sitios)

-Steak tartare con patatas y ensalada (bueno pero nada especial, no se da a probar y le faltaba alegría, exceso de grasa, las patatas algo secas aunque agradables)
Para acabar, un prescindible café.
El personal es informal a más no poder, la camarera es tan típica que parece de mentira. Correcto, pese a todo.
La cuenta ascendió a 40 €, demasiado.
Restaurante interesante, no puedo decir lo contrario, pero yo esperaba más. Me vale la incomodidad si se ve compensada por buenos puntos y grandes productos. No fue para tanto.
Carta muy variada y amplio horario, puede ser siempre una opción pero hay mejores.
 

viernes, 16 de agosto de 2013

Unas pastelerías parisinas

No pretendo resumir aquí el nivel o la variedad de las pastelerías parisinas, eso sería una muestra de locura mayor todavía que invertir mi tiempo en escribir este blog. Tan solo quiero contar brevemente unas experiencias...
Probé unos macarons de Pierre Hermé y ¡madre mía! Uno de los grandes dulces del mundo por derecho propio. Me gustó especialmente el arabesque (con albaricoque y pistacho).
También me comí un pastelito Opera en Bazin, experiencia que voy a calificar de inolvidable. Delicado e intenso, una barbaridad. El local es famoso por panes y dulces y lo dicho, merece todos mis elogios.
Y desayuné algún día en Maison Karrenbauer (de los dueños de Chez Paul) y, sin ser ninguna maravilla, me parece un muy buen sitio para ese cometido. Repostería dulce y salada de mucha calidad y variedad.
Todo apetece en París pero los dulces lo hacen un poco más. De vivir allí creo que yo pesaría unos cuantos kilos más.
Otra tentación en la que caer, nada más...

viernes, 9 de agosto de 2013

Ángel León, el cocinero del capitán Nemo

El gran Pau Arenós ha escrito un artículo de esos que contagian amor por esto de la gastronomía. Y de qué manera.
El protagonista es Ángel León, cocinero al que visité hace ya más de cinco años y que me fascinó. Parece evidente que ha evolucionado mucho y bien.
Lean, disfruten, sumérjanse en este mar...

martes, 6 de agosto de 2013

Ze Kitchen Galerie, París (Francia)

Otro "estrellado" parisino para hoy, ¡qué dura es la vida!
Local bonito, como una galería de arte, colorido y agradable.
Mesas demasiado juntas, caminos de mesa de plástico y servilletas de tela. Todo muy poco confortable, la verdad. Magníficas copas.
Cocina francesa de inspiración asiática y toques italianos, o más o menos. Cuantos más conocimientos tengo más difícil me resulta etiquetar una cocina o un cocinero. Veamos.
Al mediodía hay varios menús que se pagan en función de cuantos platos desees. Escogí el de 39,60 € que incluye primero, segundo, postre, agua y café. En lo referente a vinos lo habitual en París, precios severos. Bebí una copa de Domaine Guilbert 2008 (Les baux de Provence A.O.C.) y me gustó bastante. Creo que se debe reflexionar sobre el precio de las copas, el vino estaba bien pero claro, si piensas lo que vale gusta menos. Como agua con gas, una purificada. Ya he dicho que me encanta el sistema, imagino que se impondrá.
Comí:
-Sopa de tomate con jengibre (comienza la complejidad de sabores, acertado)
-Lechecillas de ternera a la plancha, jugo thai, condimento chile-sésamo (uno de esos platos que necesito probar, muy interesante, especiado y delicioso)
-Codorniz, rebozuelos, melocotón, mostarda (otro gran plato, con muchos matices y muchas preparaciones dando como resultado una armonía maravillosa)
-Bizcocho de ruibarbo, cerezas, sorbete de verbena y lemongrass (decepcionante postre pese a que suena genial, el sorbete tremendo, eso sí)
Un buen café con un notable bombón cerraron el almuerzo.
El personal anduvo amable y esforzado.
La cuenta final sumó 45 € por persona, correcto.
La verdad es que estamos ante un buen restaurante, incómodo e informal, pero buen restaurante. Cocina de las buenas, de las que ya he dicho que no sé etiquetar.
Platos llenos de sabores, de colores, de guiños a paladares entrenados. En una misma preparación puedes viajar varias veces y eso no tiene precio. Seguro que a algunos les asusta la idea de la mezcla, pero ¿qué es la vida sin mezcla?
William Ledeuil es un grande, mezcla como pocos, le sobra talento y derrocha conocimiento, es obvio. Tan obvio como que aquí no me emocioné como yo hubiera querido, eso es lo que faltó.

sábado, 3 de agosto de 2013

Le dauphin, París (Francia)

Iñaki Aizpitarte es uno de los grandes y tiene gastrobar, bar de tapas o como se le quiera llamar. Había que probarlo.
Al lado de la casa madre, Le Chateaubriand, y diseñado por Rem Koolhaas y Clement Blanchet, el local es urbano, actual pero clásico. El mármol, el cristal y los espejos agrandan un local pequeño y con incomodidades importantes. Si te equivocas diez centímetros puedes comer de la mesa de al lado.
Nos tocó una mesa alta, desnuda pero con servilletas de tela. Buenas copas.
Al mediodía hay menú, por la noche platillos (o tapas o raciones o...), todo apetece. Vinos por copas y por botellas. Pedí un Le temps des cerises Avanti popolo 2011 (Languedoc Roussillon, Vin de France), vino natural sin ningún añadido. Entiendo que le guste a los expertos por su rareza, pero no es para mí.
Llega la cena:
-Pulpo tandoori (inesperado éxito, extremadamente delicioso en su simplicidad, pulpo cocido y a la plancha con especias, increíble)
-Tartar de magret de pato ahumado, frambuesa (intenso y muy curioso, para comer sin parar)
-Entrécula de wagyu, berenjena ahumada, rúcula (carne de primerísima calidad, otro plato muy conseguido)
-Patatas asadas (con mucha y muy buena mantequilla, imagino, una barbaridad, ¿máxima expresión de este plato?)
-Espárragos verdes, pomelo y espuma de nécoras (otra gran elaboración, potencia y delicadeza a partes iguales)
No suelo comentar los platos que no como yo, pero hoy voy a hacer una excepción. El motivo no es otro que el disfrute de mi acompañante. Lo probé.
-Tarta merengada de limón (delicia pura, un postre clásico únicamente llevado a la excelencia)
-Babá al ron (podría copiar el anterior comentario, espectacular, de los mejores postres que he comido en mi vida)
Y para rematar esta cena magnífica llegó a mi mesa un café costarricense que nunca olvidaré, de levantarse y aplaudir.
Nos atendió una amable camarera colombiana que ayudó con lo del idioma.
El precio llegó a los 53 € por persona, muy adecuado.
Así es como yo quería cenar ese día, pequeñas y excelentes raciones, platos que me sorprendieron o versiones perfectas de clásicos franceses. Brutal.
Me quedo corto diga lo que diga, esto es otra cosa. Aquí se rozan los más altos niveles.
Me fui con la impresión de haber cenado en un grande, con esa sensación que solo dejan unos pocos...
Si te olvidas de las estrecheces del local acabas pensando que esto es maravilloso, que todo merece la pena, que la gastronomía es la opción correcta.
Vayan, en esos platillos hay pedazos de paraíso.