miércoles, 27 de julio de 2016

Mercado de la Esperanza, Santander

El mercado es una visita imprescindible en la capital cántabra.
La planta baja es un verdadero espectáculo de pescados y mariscos de la zona. En pocos mercados nacionales se puede ver algo así.
Machotes, besugos, salmonetes, bogavantes, percebes... ¡Qué variedad! ¡Qué calidad!
La planta de arriba (con entrada exterior, que es fácil no verla) está dedicada al resto de productos. Carne, chacinas, quesos, orujo, legumbres, sobaos (espectaculares los de Casa Ibáñez), conservas... Mucho donde elegir.
El continente tiene interés (arquitectura en hierro decimonónica), pero el contenido también.
No os lo perdáis.

lunes, 25 de julio de 2016

La Gallofa, Santander

Había leído algo sobre ella pero su estética hizo el resto, los desayunos iban a ser ahí.
Atractiva cafetería-panadería santanderina con mucha oferta en dulces y salados.
Probé la tarta Sacher y la de zanahoria. Mejor la primera pero ambas agradables.
También bueno el café.
Y mejor el pan que nos trajimos a casa, espléndido.
Precios adecuados, además, en un sitio notable. No es sencillo encontrar estas propuestas en todas las ciudades.
Recomendable.

sábado, 23 de julio de 2016

Umma, Santander

En la capital cántabra es más fácil encontrar producto que creatividad, pero también tiene su espacio. La idea, al elegir este restaurante, era encontrarlo.
La sala es bonita, actual y de estética cuidada.
Mesas demasiado juntas y desnudas. Servilletas de hilo y copas correctas.
La carta, que estaba siendo cambiada en nuestra visita, ofrece cocina de mercado con toques de creatividad. En cuanto a vinos, pocas pero interesantes referencias y a precios muy amables. Escogí un Jarabe de Almazcara Majara 2013 (D.O. Bierzo) que me encantó. Con los postres se nos ofreció un vino dulce, cortesía de la casa, que no pasará a mi recuerdo.
Cenamos:
-Hummus y crema de queso (agradable aperitivo)
-Croquetas de mi madre (de las mejores que he comido, bechamel fina y excepcionalmente crujientes)
-Empanadillas de gambas y shiitakes (realmente gyozas, magníficos sabor y textura)
-Bonito con salsa de yogur y cerezas (gran producto y con matices muy acertados, buena preparación)
-Magret de pato con nectarinas y salsa de cerveza (muy buen punto y de nuevo mucho tino en la combinación de sabores)
-Tarta de pera (fantástico postre, una exquisitez)
-Chocolate 70% (otro gran postre, intenso y bien trabajado)
Buen café final.
El personal se mostró atento y capaz, dentro de la informalidad del sitio. Sobró tiempo de espera.
Pagamos unos muy adecuados 32 € por persona.
En esa cocina que se ve desde la sala hay grandes profesionales. Solo hay que ver el nivel de lo dulce y lo salado para tenerlo bien claro.
Cocina de buen gusto y de criterio, eso es lo que da esta casa. Un poco más de riesgo y contundencia en los sabores reafirmaría la propuesta, pero quizá alejaría clientes. La eterna cuestión.
Salí contento de Umma, vi talento y ganas.


miércoles, 20 de julio de 2016

La Bombi, Santander


Este es uno de los restaurantes emblemáticos de Santander y tiene la excelente materia prima como gran reclamo. Me decanté por él para un buen festival marino.
Boni te recibe y te hace sentir como en casa.
Sala en el primer piso, noble y cómoda. Madera y piedra predominan.
Mesas bien vestidas y copas mejorables.
La carta es amplia y tiene todo lo que uno espera de estos sitios, calidad y clasicismo. Sobresalen pescados y mariscos del Cantábrico, aunque el apartado de carnes no es despreciable. En lo enológico carta variada e interesante, pese a sus lugares comunes y errores, a precios irregulares. Escogí, tras pedir un vino del que no disponían, un intrascendente Ribera del Asón 2015 (V.T. Costa de Cantabria) y un estupendo García Viadero Blanco de Albillo 2015 (D.O. Ribera del Duero).
Comimos:
-Tomate de Cantabria (pelado, buen aceite, no es para nada mi aperitivo ideal)
-Almejas a la sartén (una de las especialidades de la casa, para levantarse y aplaudir, impresionantes y excepcionalmente bien tratadas, plato inolvidable)
-Maganos de guadañeta a la plancha (si obvio el tomate y la reducción de balsámico me parece un plato fabuloso, enteros, sin limpiar y con un sabor y una textura excepcionales)
-Besugo al horno (inconmensurable pieza, óptimo punto y un aliño que realzaba el sabor del pescado, justo lo que esperaba)
-Tarta de mantequilla (muy rica, buen hojaldre)
Un buen café y un correcto orujo, invitación de la casa, cerraron la comida.
El personal se mostró muy amable y dispuesto y Boni dirige esa sala con tino. Falta alguien que se ocupe del vino.
Pagamos 68 € por persona. El IVA cobrado aparte es uno de esos que yo llamo "vicios de marisquería" y que hay que erradicar. La honestidad en cocina debe acompañarse de honestidad en las facturas.
Magnífica comida, excelso producto y buen trato al mismo. A eso venía y eso obtuve.
Esta casa parece un seguro a la hora de encontrar calidad y atención en la capital cántabra. Claro que hay puntos a modificar y claro que no hay ningún riesgo en cocina, pero eso ya lo sabía.
Las almejas, los maganos y el besugo pasan a mis mejores recuerdos culinarios. Y eso es mucho decir.


lunes, 18 de julio de 2016

Casa Lita, Santander

Aunque fue una visita fugaz me apetece recomendar este bar de pinchos santanderino.
Probé uno muy agradable de solomillo de cerdo y calabacín, pero vi una muy variada y apetitosa propuesta tanto en pinchos fríos como en calientes.
Precios habituales.
Parece una opción muy interesante para aperitivos o cenas informales.
Dicho queda.


sábado, 16 de julio de 2016

Regma, Santander

Un helado después de cenar en los sitios de costa es ya una tradición. Y en Santander la tradición del helado es Regma.
El jaspeado de moka es el más famoso y está exquisito, también el jaspeado escocés, que además lleva whisky.
Los conos se coronan con la bola más grande jamás vista y valen 2,20 €. Un regalo.
Producto artesano y de calidad en una heladería diferente, con pocos sabores y que ni siquiera los muestra al cliente. Diferente pero mejor.
Imprescindible visita.

jueves, 14 de julio de 2016

El Machi, Santander

La toma de contacto con Santander tenía que ser potente, por eso elegí este restaurante clásico y de producto pero con aires renovados.
El sitio es precioso, decoración marinera actualizada muy cuidada.
Mesas con caminos de mesa y servilletas de la misma estética y copas mejorables.
La carta es amplia y de lo más apetecible. Predominan pescados y mariscos del Cantábrico, pero hay mucho donde elegir. En lo enológico carta corta e irregular a precios algo elevados. Escogí un Casona Micaela 2015 (D.O. Sierra de Cantabria), que me encantó, y un Nekeas Viura Chardonnay 2015 (D.O. Navarra) que no estuvo a la altura.
Cenamos:
-Anchoas solas con tostas (espectacular producto, las tostadas deben mejorarse)
-Rabas de calamar (crujientes y sabrosas, excepcional fritura)
-Taquitos de pez de roca empanados con 2 salsas (en este caso congrio, gran técnica de nuevo, magníficos)
-Mejillones con la salsa mítica marinera (los anuncian así en carta y veo el motivo, la salsa estaba exquisita)
-San Martín a la plancha (muy buen pescado y óptimo punto, cambiaría la guarnición)
-Tabla de queso (queso fresco de La Jarradilla, queso de nata, zamorano, Divirín y picón de Tresviso, no todos afinados pero sí agradables)
Un buen orujo, invitación de la casa, cerró la cena.
El personal se mostró muy amable y atento aunque sobró alguna espera.
Pagamos 45 € por persona, correcto.
El restaurante pertenece a un grupo que está haciendo las cosas bien y del que aplaudo sus iniciativas sociales. Otro punto a favor.
Muy buenas maneras y algún detalle a pulir, pero de aquí se sale contento. Cantabria está bien representada en esa carta y en esos fogones.
El Machi es uno de esos sitios a los que volver con ganas, de esos de trato bueno y de mejor pescado.

lunes, 11 de julio de 2016

De pintxos por el Casco Viejo, Bilbao

Empezamos la ruta en el remodelado Mercado de la Ribera, que vi algo vacío de puestos y clientes pero también repleto de carnes y pescados interesantísimos.
Dentro de él hay un acogedor espacio para la degustación con diferentes propuestas.
De la barra principal probé un pintxo de muselina de jamón ibérico, buena versión de un clásico.
De ahí nos fuimos al Berton, uno de los más afamados bares de la ciudad. Pudimos sentarnos, lo que hizo más cómoda la presencia.
Estupendo el pintxo de bacalao al pil-pil, sabrosos los calamares con un rebozado etéreo e inconmensurable la txistorra. Muy buen nivel en todo lo que comimos.
Llegamos a la Plaza Nueva y a un bar al que le tenía muchas ganas, el Gure Toki. Un poco de creatividad nunca viene mal.
El sándwich de anguila es espectacular, podría estar en cualquier gran menú. El cangrejo de caparazón blando en tempura es un evidente acierto y el foie es de calidad. Un sitio al que volver.
Casi al lado está Víctor Montes, un restaurante con mucha historia.
Allí probé un pintxo de terrina de foie y mollejas de pato que me encantó, intenso sabor y lograda consistencia.
Bebimos cañas y aguas.
Y esto fue todo. Me faltó una pastelería para el final, pero fue un buen recorrido.
Vi mucho apetecible por la zona, aunque también cosas menos cuidadas. Lo elegido estuvo a gran altura.
Los precios varían bastante, pero con unos 25 € por persona se puede hacer una ruta de este tipo.
Pues sí, un placer...


sábado, 9 de julio de 2016

Malaspiedras 2014

Un Rioja diferente:
-Malaspiedras 2014 (D.O.Ca. Rioja), tempranillo con presencia casi testimonial de viura, malvasía y garnacha con nueve meses en barricas de roble francés, húngaro y americano. Botella 101 de 6000.
Picota de capa media-alta, ribete violáceo.
En nariz aparece fruta roja, también tostados y minerales. Buena intensidad.
En boca es carnoso y fresco, persiste lo expresado en nariz y es fácil de beber. Retrogusto largo.
Costó unos adecuados 12 €.
Un buen vino que ganará en esa botella, eso es lo que tenemos aquí. Leo que es un proyecto bonito, ánimo a los valientes...
De malas piedras siempre salieron buenos vinos...

lunes, 4 de julio de 2016

La Bocca, Zaragoza

Otro menú zaragozano.
Restaurante con decoración bastante actual, mucho ladrillo visto.
Mesas demasiado juntas, manteles de papel y copas mediocres.
El menú (12,95 €) ofrece bastantes propuestas apetecibles y se acompaña del muy correcto Aldeya 2015 (D.O. Cariñena).
Comí:
-Espaguetis con salteado de cherrys al roquefort y anchoas (buen punto y ración abundante, salsa muy conseguida)
-Mero estofado con salsa de mejillones (pescado agradable condenado a pasar desapercibido por una salsa que daba al tomate un inmerecido protagonismo)
-Corte de helado de turrón y chocolate caliente (mejor de lo esperado, buen chocolate)
El café Illy cerró bien la comida.
El personal se mostró muy amable.
Otra vez un menú que tiene buenas intenciones, otra vez un menú que no despierta emociones. Ya sé lo que no se puede dar en estos precios, pero hay ejemplos de técnica y criterio que suplen la ausencia de grandes productos.
Con todo y con eso, parece una opción interesante por la zona.



domingo, 3 de julio de 2016

Lúa, Madrid

Por fin el nuevo Lúa, por fin vuelta a un grande, que además ya es reconocido. Ellos no lo saben, pero este restaurante es parte importante de mi aprendizaje, de mi experiencia... Aquellas visitas al local inicial ayudaron a forjar esta afición y alguna relación.
Vamos con lo importante. El local es precioso, una parte (y la terraza) se dedica a barra y la otra al restaurante propiamente dicho. Decoración cuidada, con guiños a la contemporaneidad.
Mesas bien vestidas, con una magnífica mantelería de hilo, y con buena distancia entre sí. Copas idóneas.
Aquí se viene al menú degustación, a ver qué ofrece Manuel, y a disfrutar. Se dice que hace cocina gallega actualizada pero soy poco de esas etiquetas, a veces tan forzadas. En lo enológico me dejé guiar y probé el espléndido Jané Ventura Vintage Gran Reserva Brut Nature (D.O. Cava), el sorprendente Chivite Finca de Villatuerta Chardonnay sobre lías 2014, el grandioso A tiro fijo Tinto Coto de Gomáriz (Galicia, sin D.O.) y el cumplidor Château du Mont Cuvée Jeanne 2011 (Sauternes A.O.C.). Bien elegidos todos.
Comí:
-Aceituna esferificada (correcta)
El aceite, Oro de Bailén, y el gran pan que se gasta en esta casa la mejoraban notablemente.
-Foie micuit sobre empanada de pera y queso San Simón caramelizado, salsa de membrillo (delicado, buen bocado)
-Gazpacho amarillo de melocotón, helado de papaya, huevas de tobiko, tirabeques y polvo de mango (platazo, un gazpacho que no lo es mucho, con lo cual ideal para mí, y muchos matices interesantes)
-Cococha de merluza, pil pil de lima y alcachofa (otra preparación notable, óptimo punto)
-Encurtido de chicharro (muy suave y armonioso, buen producto)
-Socarrat de conejo con viera y salsa de su coral ahumado (delicia absoluta, uno de esos platos que no quieres que acabe, técnica y producto)
-Pulpo estofado en salsa de tomatillo verde y fresas (la estrella de la comida, incontestable pulpo con un juego de sabores perfectamente estructurado, éxito rotundo)
-Taco de rabo de ternera con hierbas (sabroso y aromático a la vez que refrescante)
-Sorbete de mandarina y espuma de coco (algo anodino, la verdad)
-Cremoso de queso San Simón con sopa de violetas (muy agradable especialmente la sopa, hubiera preferido algo más contundente para acabar)
Con el maravilloso café llegaron unos muy buenos petit-fours, cosa que me encanta.
El personal estuvo inmaculado, un placer ver esa profesionalidad. Destacaré la sonrisa y amabilidad de la camarera.
La cuenta ascendió a los 80 €, adecuado.
Todo como creía que iba a ser. Hay continuidad pero también cierto progreso y mejor marco. La cocina de Manuel Domínguez, del que me gustaba que saliera a saludar, está en un buen momento y puede crecer.
Las distinciones no cambian nada pero ayudan mucho, ¡qué vengan más!
La barra apetece mucho pero el menú degustación es la confirmación de un talento, de una visión muy personal de todo esto.
Lo de siempre y algo más...