La agradable terraza de este restaurante cerca del canal de la Robine y del mercado de Les Halles , por cierto muy recomendable, nos convenció. Zona de mesas cubierta con parasoles y bastante cómoda. Manteles individuales, servilletas de tela y copas pésimas. La carta está especializada en pescados y mariscos , pero comprende también otro tipo de preparaciones. Hay varios menús, pero optamos por la carta. En lo enológico, carta exigua y poco interés. Escogí, tras no disponer de mi primera elección, Château de Caraguilhes Classique Blanc 2017 (Corbiéres A.O.C.), que resultó fresco y cítrico. Cenamos: - Gambas (sin ser excepcionales resultaron bien sabrosas) - Mejillones en salsa ravigote (agradables) -Sepia a la parrilla con perejil (correcta, cambiaría las guarniciones) -Magret de pato (totalmente arruinado por una muy excesiva cocción, guarniciones inaceptables) -Café gourmand (como un surtido de postres, bien la crema con frutas y el babá, el resto seco) ...
El blog gastronómico de El francotirador