Lobsterie, Madrid

En el local de mi añorado Barra Atlántica tenemos ahora un bar de bogavantes. Azules, de los de verdad. Había que probarlo.
Mesas altas y mucho blanco. Pocos cambios con respecto al local anterior.
Poca luz, de ahí que las fotos sean nefastas.
Se ofrece una carta corta (y en la que había ausencias), con el crustáceo como gran protagonista, y en la que destacan los lobster roll. Y todo ello con aire francés. En lo enológico, pocas referencias y precios comedidos. Escogí un  Mathilde Chapoutier sélection blanc Duché d'Uzès 2017 (Duché d'Uzès A.O.C.), que se mostró fresco y equilibrado.
Cenamos:
-Ostras (de Oléron y del 2, muy sabrosas, de las mejores que he probado)
-Croquetas de bogavante (acertado sabor y textura muy fluida, exquisitas)
-Lobster roll (estilo Maine, en frío y con mayonesa de las cabezas, jugoso y pleno de sabor, impresionantes patatas fritas y correcta coleslaw)
El café, aceptable.
Se sirvieron chupitos de orujo cortesía de la casa.
Arnaud Keres es ejemplar en el servicio, el resto del personal no está a su altura.
Pagamos 24 € por persona.
La lluvia nos animó a quedarnos a probar una copa. El dry martini no alcanza, ni por mucho, el nivel de lo que sale de la cocina.
Arnaud Keres y Clément de La Jonquière han encontrado un formato ganador y me encanta que así sea. El lugar es perfecto para disfrutar mucho con cuentas poco abultadas.
Grandes productos y criterio, ¿quién da más por menos?
Alguna opción gastronómica más, y desde luego asegurar las existentes, redondearía la experiencia.
El lobster roll te mejora la vida, es evidente.


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