Conseguí una mesa en esta histórica trattoria que me apetecía muchísimo. Vamos allá.
Decoración clásica y noble, como si el tiempo se hubiera detenido.
Mesas bien vestidas, cubertería de plata y copas pésimas.
La carta, que es enorme, repasa la gastronomía de la zona sin dejarse ningún lugar común y apuntando los proveedores de la materia prima. En lo enológico, bastantes referencias de toda Italia pero menos opciones por copas. Probé Donato Giangirolami Propizio Grechetto 2024 (I.G.P. Lazio), fresco y frutal, y I Lori Il Buono 2024 (I.G.P. Lazio), especiado y elegante.
Cené:
-Carciofo alla giudia (alcachofa frita entera, buenísima)
-Mezze maniche alla “gricia”, la Matriciana in bianco (inconmensurable, potencia, textura y calidad)
-Tiramisù (delicioso, de los mejores que he probado)
Tomé una copa de Amaro Locale, que me encantó.
Personal muy amable y capaz.
Pagué 63 €.
Disfruté enormemente esta cena por entorno, por comida, por ambiente y por la historia. Y, aunque no es barato, me lo pareció.
Grandes productos, preparaciones controladas a la perfección y unas formas que ya no se encuentran fácilmente son los emblemas de la casa. Y eso es todo, y lo es todo.
Obligatorio.
Comentarios
Publicar un comentario