jueves, 24 de febrero de 2011

Vuelve Carolina (Valencia)

La siguiente parada gastronómica en Valencia fue Vuelve Carolina, el otro proyecto de Quique Dacosta.
El local es grande, espacioso y bonito. La madera protagoniza la decoración, muy cuidada.
Mesas desnudas, manteles individuales de plástico y copas correctas. Quizá hay poca separación entre las mismas, aun sabiendo que es un local deliberadamente informal.
La propuesta incluye menús y variadas tapas y raciones más o menos contundentes. La carta de vinos ofrece vinos por copas y botellas bien elegidas a precios no tan moderados como cabe esperar. Me decanté por un blanco bordelés, Château Beaumont les Pierrières 2008, semillón y sauvignon blanc, un vino de los de disfrutar, salino, graso, magnífico.
Degustamos:
-Pan y alioli, aceitunas, patatas fritas (aperitivo mejorable, eso sí, el alioli tapa defectos) -Sashimi de mero con caviar de pez espada al limón maduro (muy logrado, agradable textura, gran plato)-Cremoso de foie gras con lichis y rosas (mi único pero es la pequeña costra que se forma en la superficie del cremoso, el resto delicioso)



-Caldero de arroz Mediterráneo con verduras, pulpo, bogavante y cintas de sepia (fantástico, el caldo era para quitarse el sombrero, punto óptimo y sabor extraordinario)
-Bosque de chocolate (visualmente muy bien, decepcionante en sabor)

La cuenta llegó hasta unos 40 € por persona.
Viernes por la noche, local abarrotado y un servicio que, aunque pone muchas ganas, creo que está sobrepasado por esa situación. Eso sí, amabilidad no falta.
Tuve un pequeño problema, al no especificar en carta que el arroz debe ser para dos (sé que suele ser así), pedí una ración pero se sirvieron y se cobraron dos. Se debería dejar claro.
Me apetecía mucho probar este restaurante, y valió la pena, sin duda. Hay cosas que se pueden mejorar, los precios son comedidos pero quizá pudieran serlo más. Intuyo que debe llenar todos los días, así que eso no cambiará.
Hay mucho trabajo y se hace bien, se combina originalidad y producto, se homenajea a los grandes cocineros (con ausencias) y se da bien de comer.
Defectos hay en todas las casas y en las que se sirve a tanta gente, más.
El arroz justifica, por sí solo, una visita.

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