viernes, 2 de diciembre de 2011

Fishop, Barcelona

El pasado julio visité este curioso restaurante barcelonés, la idea era precisamente ésa, algo diferente. Barra de sushi, pequeña pescadería y cocina al uso, casi de todo.
Local mal iluminado, espacioso y actual, con decoración informal.
Mesas e incomodísimas sillas de madera, nada de manteles ni servilletas, todo papel. Copas mejorables.
La carta ofrece cocina ecléctica con predominio de pescado fresco. En lo enológico, poco interesante. Bebimos un Castell de Raimat Chardonnay 2010 (D.O. Costers del Segre) y Menade Verdejo 2010 (D.O. Rueda), ambos correctos.
Comimos:

-Gamba roja (comprada a peso, uno de esos productos que emocionan, he probado mejores pero cumplieron dignamente)

-Vieiras a la plancha (buen producto, me hubiera comido unas cuantas)

-Tartar de atún, patata verde, aceite de oliva y soja (tenía mis dudas, pero sí, es el plato que hay que pedir, un acierto)

-Roll de soft shell crab, tobiko, rúcula y raíz bardana (delicioso)


-Nigiris de toro y salmón salvaje (mayor calidad en el de salmón, buenos)


-Mejillones al vapor (sencillos y sabrosos)


Y nada más, no nos apeteció postre.


El personal demostró en todo momento no saber lo que tenía en las manos.


La cuenta ascendió a unos 40 € por persona, hay que tener en cuenta que no comimos mucho.


Pues eso es lo que hay aquí, local que quiere estar de moda, producto que sin llegar a ser excelso, tiene posibilidades, y buena mano para lo japonés. Su fallo está en los detalles, muy descuidados.


Se puede disfrutar, sí, pero caben mejoras.

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