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Can Batiste, Sant Carles de la Ràpita (Tarragona)

Por fuera no parece el local más apetecible, pero confié en mi instinto para elegir este restaurante de hotel para una comida.
El local es agradable y más grande de lo esperado.
Mesas bien vestidas y copas discretas.
La carta ofrece cocina marinera actualizada y productos de la zona, con el arroz como protagonista. Hay menú degustación pero nos decantamos por la carta. En lo enológico, carta muy centrada en lo autóctono y precios comedidos. Bebimos Somdinou Blanc 2012 (D.O. Terra Alta), un sorprendente monovarietal de garnacha blanca, exquisito.
Comimos:
-Atún rojo marinado (de Ballfegó, en tartar y en taco, espectaculares ambos, suelo preferir el sabor más puro, menos enmascarado, pero reconozco la buena mano en este tratamiento)
-Almejas con crema de jamón y trufa de verano de Morella (buen marisco y buena salsa, un acierto)
-Anguila al estilo tradicional (lo que siempre digo de la anguila, un producto que me emociona en un extraordinario guiso tradicional, delicia)
-Parrillada de marisco (muy buen género, destacando pulpitos y langostinos, y en muy correcto punto)
-Crema de piña con helado de coco (nada especial)
Mucho mejor el bizcocho de castañas de mis acompañantes.
Un buen café dio por finalizada la comida.
El personal no estuvo a la altura de la comida, algo despistado y no del todo eficiente.
La cuenta llegó a los 32 € por persona, pero aviso de que no comimos mucho. El precio me parece adecuado.
Sin duda alguna tiene este restaurante mimbres de guía gastronómica, no tengo claro por qué no tiene más repercusión. ¿El servicio?
Buen producto, técnica e ideas claras en cocina, eso se ve enseguida. Le faltan detalles y habría que pulir algunas cosas, ahí está el margen de mejora.
Se come bien, que quede claro, y en la evolución puede estar la excelencia.

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