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Moma, Roma (Italia)

Buscaba un restaurante de alta cocina en Roma y, por ubicación y precio, me decanté por este.

La parte de abajo es un bar bastante normal pero en el piso de arriba las cosas cambian.

Espacio algo incómodo, incluso con escalones.

Mesas demasiado próximas entre sí.

se me asignó espacio en una mesa grande, pero con buena separación a un grupo de comensales.

Caminos de mesa y servilletas de tela.

Se ofrece cocina italiana viajada y sofisticada, con protagonismo de pescados. A mediodía hay carta y un menú de 0 €, que fue el elegido. Se puede acompañar con una armonía de 4 vinos al precio de 60 € y así lo hice. Probé La Fiòca Franciacorta Extra Brut (Franciacorta D.O.C.), frutal y elegante, Antiche Cantine Migliaccio Biancolella 2024 (Lazio I.G.T.), mineral y muy interesante, De Bartoli Etna Tenuta Solisciaro Rosato 2022 (Etna D.O.C.), fresco y vibrante, y Le Pianore Tiniatus 2019 (Montecucco D.O.C.), delicado y persistente.

Comí:





-Amuse-bouche (impresionante aperitivo con un inolvidable semifrío de pecorino y un tartar de ternera que se elevaban sobre el resto, maravilloso comienzo)

Se sirvieron unos magníficos panes, aunque cobrados aparte, con aceite Mandranova, que me gustó mucho.


-Il nostro orto di stagione (tagliatelle de calamar alla puttanesca, refinada y conseguida versión del clásico)


-Risotto alla camomilla, anguilla affumicata, miele e origano (curiosa preparación, con la anguila alegrando los bocados y con gran presencia de manzanilla y orégano, rico)


-Polpo verace, variazione di scorzonera e dragoncello messicano (riquísimo pulpo con salsifí y artemisa, aunque aportaban poco)


-Yogurt di pecora, basilico (ligero y amable)


-Raviolini di zucca, castagne, Armagnac, caramelo salato e cioccolato (espectacular postre, por presentación y por sabor)


Gran café final acompañado de unos buenos petit fours.

El personal anduvo diligente.

Pagué 161 €. Excesivo.

Fue un almuerzo algo raro, por un lado hubo preparaciones excelentes pero espacio y precio me dejaron bastante frío.

Ahora bien, siempre tendré un gran recuerdo de esos aperitivos y de ese postre.

Técnica, criterio y finura. Y todo muy evidente.

Otra Roma.

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