Recuerdo que, al escribir sobre este restaurante, dije que quería ir con la gente a la que quiero. Y así ha sido.
Todo sigue igual.
Hasta tomamos el mismo menú, que ahora vale 52 €. Las dos copas de vino, que cuestan 24 €, siguen siendo una gran opción. Probamos Trimbach Riesling 2023 (Alsace A.O.C.), vibrante y armonioso, y el espectacular Domaine La Calmette Trespotz 2023 (Cahors A.O.C.), frutal y jugoso.
Comimos:
-Bacalao con pimiento (fantástico, tradición y técnicas actuales)
-Tartaleta de trucha (muy rica)
-Queso y anchoa (buena masa, exquisito)
-Vieira aliñada (en crudo, con aceite de oliva y verduras y algo de piment d'Espelette, muy delicado)
-Espárragos blancos de las Landas, cangrejo marinado, aceite de hierbas, hinojo con sabayón de naranja sanguina y caléndula (un plato que ejemplifica la cocina de mercado y que habla de territorio y de temporada, muchas preparaciones, grandes productos y un resultado fascinante)
-Pintada de la granja Dublanc, salsa Albufera, jugo de ave, variaciones de apio y un toque de ajo negro (muslo relleno a la plancha y pechuga cocida con trufa, guarniciones deliciosas y varios contrates para un pase sofisticado que nunca olvidaré, la excelencia)
-Cúpula de soufflé de cacahuete y praliné, crumble y helado de chocolate (altísimo nivel, texturas y sabores increíbles)
-Petit fours (gloriosos)
El personal es atento y eficaz.
Pagamos unos 74 € por persona.
La luminosidad de esa terraza únicamente es comparable a la finura y al criterio que se aplica en la cocina del restaurante.
Esos espárragos y esa pintada son la muestra de que este menú tiene, además, una relación calidad-precio imbatible.
Uno de esos lugares donde la propuesta es inquebrantable, donde nada falla.
Si un día me pierdo, es posible que se me pueda encontrar por aquí...
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