Todo viaje tiene su fin y para la última comida en Budapest escogí este restaurante especializado en carne del cerdo que le da nombre.
Situado en el barrio judío, posee una sala agradable en tonos blancos y negros.
Mesas desnudas y demasiado próximas entre sí. Servilletas de papel y copas mejorables.
La carta ofrece referencias locales y gran variedad de preparaciones con mangalica. No hay menú. En cuanto a vinos, bastante producto húngaro y algún guiño internacional a precios algo más sensatos que en otros sitios. Bebimos Kvaszinger Tokaji Sárgamuskotály 2024 (Tokaji, Hungría), mineral y equilibrado. Lo disfruté mucho.
Comimos:
-Plato de charcutería de mangalica (buen nivel general, rico)
-Milanesa de mangalica con ensalada de patatas (excepcional carne muy bien tratada, agradable guarnición)
-Solomillo de cerdo con hígado de pato, lecsó y galuska (gran conjunto, estupendo foie)
-Filete de perca empanada con ensalada de hinojo y naranja y puré de apio (acertados contrates, magnífica fritura)
No tomamos postre ni café.
Se nos invitó a palinka.
El plato de cerdo empanado llegó a nuestra mesa por error, pero se convirtió en cortesía. Un servicio irregular mejoró mucho con ese detalle.
Pagamos 14400 Ft por persona.
Quizá lo sobresaliente de este establecimiento es la materia prima de primera calidad, unido al tino del equipo de cocina a la hora de completar y elevar los diferentes platos que conforman su apetecible oferta.
Técnicas muy bien ejecutadas.
Buena idea en Budapest.
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