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Triciclo, Madrid

Triciclo es uno de esos lugares que rara y sabiamente han sabido aunar estar de moda y dar bien de comer. O eso dicen de él. A ver.
Barrio de las Letras, decoración minimalista, maderas y metales reciclados, moderneces varias y cartas que requieren un lavado de cara.
Mesas desnudas, servilletas de hilo y buenas copas.
Las propuestas son variadas, raciones completas, medias o incluso tercios. Esto último es ideal si vas solo, como era mi caso. Muy apetecible.
Carta de vinos algo corta, pero con buenas ideas. Bebí copas, una del buen fino La Janda (D.O. Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda), otra de Habla del silencio 2011 (D.O. Extremadura) que siempre cumple y otra del sorprendente dulce francés Château Cousteau 2010 (Cadillac A.O.C.).
Llega la comida:
-Patatas fritas caseras (una de esas delicias sencillas, aplausos)
-Gambas, shiso y mango (para comer con la mano y mancharse, delicioso)
-Cigala gorda asada y ahumada con té (gran bocado, el delicado toque del té la hace muy especial)
-Alcachofas, vieira, foie gras y trufa (la salsa de foie lo une todo y la trufa lo eleva, exquisito)
-Nuestro steak tartare con huevas y huevos (uno de los mejores que he probado, sin más)
-Lomo de ciervo asado con cuscús de setas y especias (un conjunto impecable, buen punto de la carne y un maravilloso cuscús)
-Pan, aceite y chocolate (y naranja, buen postre, correcto)
El café, correcto.
El personal se mostró especialmente amable y complaciente, incluso llamándome por mi nombre. No obstante creo que algunos de los efectivos están faltos de rodaje.
El precio llegó a los 47 €, adecuado.
Pues oye, un placer viajar en este Triciclo. Se nota muy buena mano en esos fogones, cocina vivida y viajada, preparaciones que buscan la excelencia desde la simplicidad. Éxito asegurado.
Entiendo todas y cada una de las buenas críticas a este sitio.
Ojalá todas las modas fueran como esta.

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