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StreetXO, Madrid (III)

Por fin iba a visitar el nuevo local de StreetXO, estaba hasta ilusionado...
Lo primero que debo decir es que la planta anterior es un lujo para la vista del gourmet, pero vamos con la última de restauración. Los platos de Cascabel apetecen, pero la idea es otra hoy. Tiempo para un helado de Rocambolesc sí que habrá.
Todo ha cambiado a más grande y a mejor, pero la esencia sigue ahí...
Me gusta la decoración canalla y sorprendente.
Y me gusta más todavía la cocina vista y llena de talento.
Se empieza pidiendo lo líquido y claro, tenía que pedir un DiverXO líquido, el cóctel que parece obligado y que es una maravilla. Todos los sabores en un solo trago, Carlos Moreno parece haber encontrado la clave.
La carta ofrece algún fijo de la casa pero también va rotando, esta vez opté por:
-Sepietas en miso-carbón, juego de kimchi coreano y huevo frito, minisardinas japonesas extracrujientes (platazo, producto maravilloso que encuentra la perfección en los diferentes matices y en la untuosidad del huevo)
-Estofado express en wok, arroz sedoso y vaca roja gallega semicurada y adobada, tamarindo, emulsión de mantequilla tostada (realmente la lengua del animal, impresionantes texturas sedosas para un preparación que no llegará ser la más famosa del establecimiento pero que lo puede representar por completo, para levantarse y aplaudir)
-Dumpling pekinés, oreja confitada y hoisin de fresas, alioli y pepinillo (ya un clásico de la casa, acertada combinación y presentación identitaria aunque ya tan copiada)
El personal se mostró muy amable.
La cuenta ascendió a unos adecuados 54,50 €.
Poco que añadir a lo ya comentado en otras ocasiones, una de las grandes barras de este país y, probablemente, la más estimulante. Parece que David Muñoz está en plena forma y su segunda marca también, pues que dure...
Quisiera volver ahora mismo.
Y bueno, imposible no tomar un helado antes de abandonar el edificio. Exquisito.



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